“Extraño a mis amigos, más que nada el contacto, hablar, reír, esas cosas que se dan en el colegio”, dijo a Página|12 Inés, una chica de 16 años que vive con sus padres en el barrio porteño de Constitución. “Todos queremos ver a nuestros amigos, pero quedarnos en casa es el granito de arena que podemos aportar. Mientras más cumplamos  más rápido vamos a salir de esto”, añadió.

Dormir mucho, hacer la tarea, mirar series, jugar, whatsappear, hacer videollamadas o comunicarse mediante aplicaciones con amigos, novios y familiares son las actividades que realizan a diario los adolescentes en cuarentena. Desde que el 20 de marzo el Gobierno nacional decretó el aislamiento social, preventivo y obligatorio, los jóvenes no salen de sus casas y comenzaron a tener clases de forma virtual. Aunque en algunos lugares se organizaron fiestas o reuniones, muchos otros jóvenes sostienen que es importante cumplir con el aislamiento.

A Kiara, de 16 años, le resultó difícil acostumbrarse al aislamiento. “Al principio me costó porque no podía ver a mis amigos y tenía que estar con mi familia conviviendo mucho tiempo, estaba enojada y no tenía ganas de hacer nada. Pero me fui acostumbrando y ahora estoy bien”, afirmó la joven que vive en Lanús con sus padres y su hermana menor. Kiara y sus amigos se escriben por WhatsApp “como cualquier día” y a veces realizan videollamadas. “Nos juntamos mucho a ver pelis con Netflix Party (una extensión que se baja en la computadora) que hace que puedas ver una película en simultáneo con otra persona y chatear para comentar la peli o la serie”, explicó.

Julieta también usa las redes sociales para mantener el contacto con sus amigos y divertirse durante la pandemia. Como no pueden salir a bailar, con sus amigas hicieron una videollamada “como si fuera una fiesta de disfraces”. “Después estamos a full con TikTok. Cada una tiene su cuenta, pero hay algunos TikTok que son como conversaciones que grabamos por separado entre varias y después se junta formando un solo video. Por suerte se engancharon (mis amigas) y la pasamos bastante bien”, contó a este medio la joven de 17 años que vive en Moreno.

Pablo y Agustín tienen 15 y 16 años. Viven en Esquel y la Ciudad de Buenos Aires, respectivamente, y juegan en simultáneo con sus amigos a través de la computadora o la PlayStation. “Nos vemos virtualmente y eso como que me da más ganas de juntarme, pero sé que voy a tener que esperar a que termine la cuarentena”, dijo Pablo a Página|12. Para Agustín, “al no estar físicamente (con sus amigos) es bastante malo”, pero ya están acostumbrados a comunicarse de forma digital.

Novies y clases a distancia

Quienes están en pareja se comunican a través de videollamadas. “Con mi novio no nos vimos, hacemos videollamadas y con eso venimos bien”, afirmó Julieta. “Empezamos a mirar una serie juntos, pero uno miró más capítulos que otro”, agregó entre risas. En cambio, para Inés, no ver a su novio durante este tiempo “es muy difícil”. “Nunca dejamos de vernos por tanto tiempo. En mi tiempo libre, hablo más que nada con él y también miramos Netflix”, contó.

Los adolescentes tuvieron que acostumbrarse a la nueva modalidad de educación a distancia. Inés y Kiara tienen clases de algunas materias a través de la plataforma Zoom y sus docentes les mandan tarea. “Te dan un texto para que lo entiendas vos. Al principio, me molestaba porque necesito tener a alguien que me explique. Ahora creo que sirve para la comprensión lectora y que va a venir bien para la facu. Es más complicado y no estamos tan acostumbrados”, señaló Kiara.

En la provincia de Chubut se mantiene el paro docente en reclamo de un aumento salarial y por eso, explicó Pablo, algunos docentes les mandan trabajos prácticos no obligatorios. “De 13 materias que tengo, me mandan tarea de historia, geografía, comunicación y radio. Yo hago la tarea porque si no me da culpita”, afirmó.

Para las instancias de evaluación, algunos docentes, contó Inés, planean enviar formularios de Google. Agustín, por su parte, ya tuvo su primer examen de matemática, pero con otra modalidad. “Te pasan la prueba escaneada. Con el celu filmás alrededor tuyo, todo tu escritorio y después te filmás a vos haciendo el examen. La docente te puede ver mientras vos hacés la prueba”, explicó. Una vez finalizado el examen, los alumnos debían tomarle una foto y enviársela al docente.

Julieta terminó el secundario en 2019 y se había anotado para empezar la tecnicatura en radiología. Los docentes armaron un grupo de WhatsApp con los alumnos, pero al no tener computadora ni Internet -su madre contrató el servicio ahora, “para hacer la cuarentena más leve”- se le dificultaba hacer los trabajos prácticos.

“Quería aunque sea empezar y me puse a leer los trabajos, pero sinceramente no entendí nada, el resto de mis compañeros tampoco y los profesores a veces no responden las consultas”, lamentó Julieta. Ella no salió del grupo, pero no pudo seguir con la cursada.

Cómo evitar el sedentarismo

La forma de hacer actividad física fue otro de los aspectos de la vida cotidiana que modificó la cuarentena. Julieta y Inés tomaban clases de danza y, a partir del aislamiento, sus profesores comenzaron a dictar clases virtuales. Inés toma clases de danza jazz desde el año pasado y cuenta que su profesora “se creó una cuenta de Instagram para dar clases en vivo”. “Se me complica porque mi teléfono es chiquito, entonces me acerco bien a la pantalla para ver el paso y después lo hago. Es medio un quilombo, pero se puede hacer”, opinó. Julieta, por su parte, practica danza desde los 6 años y la academia a la que asiste transmite las clases por Zoom o Instagram.

A Pablo le gusta correr y aprovecha que su casa de Esquel tiene un patio grande para hacer ejercicio todos los días. “Corro hasta el patio de la casa de al lado, que es la de mi abuelo. Siempre hago una hora, media hora, así mantengo el estado físico, aunque sea”, dijo. Cuando no había aislamiento, Pablo iba con sus amigos tres veces por semana a las canchas de fútbol del centro de la ciudad y espera que ahora, en la nueva etapa de la cuarentena, pueda salir a caminar. “No hasta las montañas, pero sí hasta el arroyo que es cerca y manteniendo la distancia -aclaró-. Acá en Esquel por suerte no tenemos ningún caso”.

Agustín también salía a correr antes de la cuarentena, pero ahora hace ejercicio con su familia. “Con mi papá miramos videos de YouTube y hacemos rutinas de lunes a sábados, como veníamos haciendo antes, sólo que íbamos al gimnasio -explicó-. Mi hermana y mi mamá también miran videos y copian coreografías”.

La actividad familiar no se limita a los ejercicios. Agustín, sus padres y su hermana van a la terraza porque “mucha gente del edificio no la usa”. “Vamos siempre que el día esté lindo. Llevamos la radio, yo estudio, mi hermana quizás baila. Nos quedamos hasta las seis de la tarde”, contó. Hace unos días intentaron armar un rompecabezas, pero “era muy grande y nos cansamos”. “Por suerte somos una familia unida, entonces estar todo el tiempo juntos no me parece un gran problema y si uno quiere estar solo, también puede irse a su habitación”, agregó Agustín.

Familias en pantalla

Para estar en contacto con otros parientes, los jóvenes contaron que hacen videollamadas con sus familiares. “Una vez por semana hacemos una llamada grupal y nos escribimos todos los días”, aseguró Kiara. Además, utilizan una aplicación que les permite organizar juegos a distancia con sus tíos y primos. “Con mis padres peleo mucho porque ahora se convive más, pero si nos pinta, jugamos un juego entre todos”, afirmó. Kiara y su familia cocinan más que antes. “Hice budín de pan, que antes no hacía, y varios brownies. Me gusta la comida, así que por mí, mejor”, dijo entre risas.

Los padres de Julieta están separados y ella vive en la casa de su madre. “Mi papá es profesor, a la mañana tiene clases, después entra a trabajar a una fábrica y sale recién a las once de la noche. Hacemos videollamadas, me pregunta si está bien lo que se puso para dar clases por Zoom. Trae comida, siempre con barbijo y manteniendo la distancia, y hablamos todo el tiempo”, contó la joven. Su madre es maestra en un jardín de infantes en Moreno y Julieta la ayuda a grabar videos con canciones, cuentos o coreografías para que los niños vean en sus casas. “Al principio pensé ‘uy, estar encerrada con mi mamá’, pero venimos bastante bien”, celebró.

Cuando el Gobierno anunció la posibilidad de salidas recreativas diarias, Julieta se ilusionó. “Lo pensé por el lado de que iba a poder salir a comprar un par de cosas para el emprendimiento de accesorios que tenemos con mi novio. Pero eso de ‘aprovecho y me voy a la casa de una amiga’ ni se me pasó por la cabeza”, aseguró. A Julieta la cuarentena le “parece re bien” y cree que “fue la mejor decisión”. “Para algunas personas es difícil, pero es una manera de prevenir contagios. Tuvimos la oportunidad de ver qué pasó antes en otros países y ponernos las pilas”, afirmó.

Agustín prefiere “mil veces no estar en cuarentena”. “Pero tuve que acostumbrarme, porque si no iba a vivir todos los días diciendo ‘qué malo esto, me quiero matar’ y no quería estar así, me tuve que adaptar”, admitió.

A Kiara ya no le cuesta estar en su casa cumpliendo el aislamiento porque, sostuvo, no suele salir mucho. Prefiere quedarse en su habitación, a la que calificó como “su hábitat natural”, y ver series o películas. “Tampoco es que me gusta la cuarentena, pero no me molesta -aseguró Kiara-. Hay que tratar de no salir tanto y hacer un esfuercito más”.

Estudiar, trabajar, esperar un hijo

Ezequiel tiene 20 años y vive en una casa en La Esperanza, un barrio humilde en el partido de San Fernando, con sus cinco hermanos y su novia, con quien espera su primer hijo para junio. “He visto a amigos que hacen juntadas y no se toman muy en serio lo que está pasando, es como si no entendieran la realidad -dijo Ezequiel a Página|12-. A mí me invitaron y les dije que no, les empecé a hablar de este tema en el que estamos y ellos me decían ‘no pasa nada’. Ojalá que no les pase nada, pero es algo grave (la pandemia)”.

Antes del inicio de la cuarentena, Ezequiel trabajaba en una carpintería que suspendió sus actividades. “Ahora intento hacer changas, cargar muebles y eso”, afirmó. Con esos ingresos y con los sueldos de sus dos hermanos mayores “la vamos llevando”. “Estar trabajando a full y quedarte parado hasta no sabés cuándo me preocupa”, agregó.

Ezequiel y su familia reciben la ayuda del centro comunitario Crecer, que tiene un comedor y entrega bolsones de comida. Además, Ezequiel colabora en la cocina del centro. “Hoy vamos a hacer fideos con tuco para las personas mayores. Ellos vienen con el tupper desinfectado y nosotros les servimos para que se lleven”, afirmó.

Con sus hermanos y su novia están “aguantando la cuarentena”. Para distraerse, contó Ezequiel, juegan al bingo, a las cartas -truco y chinchón- y a la PlayStation. “Con mi familia y mis amigos hacemos mucha videollamada -aseguró-. Hicimos una videollamada para jugar al truco, después nos mandamos mucho WhatsApp”.

Ezequiel está en cuarto año de polimodal y extraña ir a la escuela. “Muchos profes te mandan algo, no te explican y te piden que lo entregues en una determinada fecha. Vos tenés banda de cosas y no sabés por dónde empezar, eso te vuelve un poco loco”, lamentó. La excepción es la profesora de lengua, que “explica todo”. Para el resto de las tareas, recibe apoyo escolar del centro comunitario, que organizó grupos de WhatsApp.

“Con mis hermanos salimos lo menos posible para no correr riesgo. Nos fijamos qué nos falta y ahí vamos a hacer los mandados”, afirmó Ezequiel. Dice que espera que la cuarentena termine pronto para volver a la escuela y, sobre todo, a trabajar.

Las reuniones que rompen el aislamiento

A pesar de que no hay una estadística oficial, se han detectado casos de jóvenes haciendo fiestas y reuniones en Santa Fe, Berazategui, Neuquén, Posadas, Berisso, Villa Mercedes, Rafaela y Zapala. El DNU que estableció el aislamiento social, preventivo y obligatorio, estipula explícitamente que no están permitidas las reuniones, lo que incluye festejos y eventos sociales.

Santa Genoveva, Neuquén

La madrugada del 23 de abril, la policía neuquina interrumpió una fiesta privada en el barrio de Santa Genoveva y detuvo a siete personas. Los vecinos de la zona denunciaron ruidos molestos provenientes de una casa alquilada.

El subsecretario de Medioambiente y Protección Ciudadana local, Francisco Baggio, informó que en la fiesta hubo menores de 18 años y que algunos de los asistentes intentaron escapar por los techos de las viviendas aledañas. “Esto puede terminar en una situación desastrosa, si hubiera asistido un posible contagiado de coronavirus”, sostuvo Baggio.

Siete personas fueron demoradas y puestas a disposición de la Justicia por violar el aislamiento social, preventivo y obligatorio. Además, la policía secuestró dos vehículos porque sus conductores dieron positivo en los controles de alcoholemia. “Se trataba de un encuentro de grandes proporciones que pudo ser contenido a tiempo”, afirmó Baggio.

Berazategui 

El 21 de abril, un hombre de Berazategui rompió la cuarentena y organizó una fiesta con 65 invitados, a pesar de que llevaba cuatro días con un cuadro febril. Al confirmarse que tenía covid-19, el hombre fue internado en el Hospital Evita Pueblo y las autoridades municipales comenzaron a controlar si los invitados a la fiesta contrajeron el virus.

“Un ciudadano de Berazategui estuvo con fiebre durante cuatro días sin consultar, burló la cuarentena y fue a distinas casas y hasta nos dicen que organizó una fiesta”, detalló el intendente, Patricio Mussi. Además, Mussi comunicó que el hombre “tiene a otro familiar, su yerno, internado, que también dio positivo”. “Cuando se termine la enfermedad, será sometido rigurosamente a la Justicia y ya el juez Federal está notificado de todos los que estuvieron contacto”, agregó el intendente de la localidad bonaerense.

Zapala

En Zapala, el lunes 13 de abril la Policía Federal y la Fiscalía provincial de Neuquén hallaron que más de 15 personas -sólo una de ellas mayor de edad- se habían reunido en una casa ubicada en el barrio Pino Azul para realizar una fiesta. El episodio fue denunciado por un vecino, que vio llegar una gran cantidad de gente a una casa cercana, y llamó a las fuerzas de seguridad.

Al llegar a la casa, los policías constataron que sólo una de los jóvenes tenía domicilio en esa casa y comenzaron a llamar uno a uno a los padres del resto de los chicos y chicas que estaban en el lugar. A medida que concurrían a la casa para buscar a sus hijos, padres y madres eran notificados del acta por el incumplimiento del aislamiento, que se labró a raíz de la fiesta. Fue “una picardía bastante grave de los pibes, pero son adolescentes”, dijo la madre de uno de los jóvenes. El episodio es investigado por la Fiscalía Federal de Zapala.

San Luis

En Villa Mercedes, provincia de San Luis, la policía detuvo a 41 personas por realizar una fiesta el domingo 12 de abril. Del total de los asistentes, había 23 chicos menores de 18 años, quienes habían sido invitados a través de mensajes de Facebook y WhatsApp.

Esa madrugada, vecinos denunciaron que se escuchaba música y que había muchas personas en una casa ubicada en el pasaje Justo Daract, entre Suipacha e Italia. Las detenciones se produjeron cerca de las tres de la madrugada. El evento habría sido organizado por una madre y su hija que mandaron las invitaciones por redes sociales.

Berisso

Durante la madrugada del martes 7 de abril, se realizó una reunión en una casa de la localidad bonaerense de Berisso. Un vecino denunció que se escuchaba música a un volumen elevado y la Dirección de Control Urbano fue a la vivienda, ubicada en 160, entre 15 y 16, y suspendió la fiesta.

“Se les ordenó a los presentes que cada uno se fuera a su casa porque no era momento para estar de fiesta o reunidos. No hizo falta que se los llevara detenidos porque todos vivían en las cercanías”, informó el director de Control Urbano, Emilio Lo Curcio.

Posadas

En Posadas, el sábado 4 de abril la policía demoró a 24 personas que encontró reunida en la calle escuchando música en los barrios Néstor Kirchner, Los Patitos II, San Isidro y El Porvenir II. Las personas fueron llevados a una comisaría donde se los notificó de la causa por incumplimiento al Decreto de Necesidad y Urgencia N°260/20.

Ese mismo fin de semana, las fuerzas de seguridad también clausuraron un boliche en la capital misionera y detuvieron a las doce personas – que tenían entre 18 y 36 años- que estaban bailando ahí. El Juzgado Federal de Posadas y la Fiscalía Federal clausuraron el local y notificaron a las personas por incumplimiento de la cuarentena. La fiesta fue detectada por personal de Infantería mientras hacía sus rondas habituales

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